El concepto transaxle de Porsche, desarrollado en los años 70, ha revolucionado la ingeniería automotriz al ofrecer una distribución equilibrada del peso entre ejes, mejorando el dinamismo y la seguridad en la conducción. Este diseño, que ubica el motor en la parte delantera y la transmisión en el eje trasero, se implementó en modelos icónicos como el 924, 944, 928 y 968. A pesar de su antigüedad, esta tecnología sigue siendo relevante hoy en día por su capacidad para proporcionar un manejo preciso y confortable sin depender de ayudas electrónicas. La era transaxle no solo marcó un hito técnico para Porsche, sino que también redefinió lo que significa ser un coche deportivo. Para más información sobre este fascinante concepto, visita el artículo completo en el enlace proporcionado.
El concepto de transaxle, desarrollado por Porsche en la década de 1970, ha marcado un hito en la ingeniería automotriz al ofrecer un equilibrio excepcional entre el motor y la transmisión. Esta innovadora configuración se traduce en un comportamiento dinámico y seguro, características fundamentales para cualquier vehículo deportivo.
La disposición del motor en la parte delantera y la transmisión en el eje trasero, conectados por un tubo rígido transaxle, garantiza una distribución equilibrada del peso entre ambos ejes. Este diseño no solo mejora la seguridad y el confort en la conducción diaria, sino que también permite un manejo más ágil sin necesidad de asistencia electrónica. Desde su lanzamiento, modelos como el 924, 944, 928 y 968 han sido considerados pioneros en su época, sentando las bases para lo que hoy conocemos como coches deportivos.
En el Centro de Desarrollo de Weissach, los ingenieros de Porsche comenzaron a explorar esta arquitectura hace más de cinco décadas. El primer modelo que incorporó esta tecnología fue el 924, lanzado en 1976, seguido rápidamente por el gran turismo 928 en 1977. La serie continuó con el 944 a partir de 1981 y culminó con el 968 desde 1991. A día de hoy, esta tecnología sigue siendo considerada revolucionaria e innovadora.
El término transaxle proviene de las palabras latinas “trans” (más allá) y “axle” (eje), refiriéndose a la transmisión de potencia desde el motor hasta las ruedas traseras. El motor refrigerado por agua se encuentra sobre el eje delantero y envía su par a través de un embrague hacia un eje de transmisión que conecta con la caja de cambios y el diferencial del eje trasero. Este sistema presenta un diámetro entre 20 y 25 milímetros y mide aproximadamente 1,50 metros de largo.
A pesar del escepticismo inicial tanto dentro como fuera de Porsche respecto a este nuevo enfoque propulsor, los resultados fueron sorprendentes. La presentación del modelo 924 en Francia generó dudas: “El último Porsche tiene la mitad de potencia que el más potente, pero mantiene cuatro quintas partes de su velocidad”, afirmaba una nota de prensa. Sin embargo, este cambio estructural buscaba lograr un equilibrio perfecto entre los componentes pesados del vehículo.
La distribución equilibrada del peso otorga ventajas significativas a los deportivos; idealmente se busca una proporción del 50/50 entre los ejes. Esto permite una transmisión precisa tanto de las órdenes del volante como de las fuerzas motrices. Gracias a esta configuración, se minimizan problemas como el sobreviraje o subviraje, facilitando así una conducción más segura para conductores menos experimentados.
Además, el diseño transaxle proporciona mayor seguridad pasiva al desviar las fuerzas generadas en caso de colisión a través del tubo rígido que conecta ambos ejes. Hermann Burst, ex Director de Pruebas de Carrocería en Porsche, destaca que esta construcción no solo revolucionó la dinámica vehicular sino que también fue fundamental para mejorar la seguridad anticolisión.
A pesar de haber sido introducido antes del auge electrónico en automóviles deportivos, el comportamiento neutral y controlable del transaxle ha dejado huella en la industria. En 1978, el modelo 928 fue galardonado como “Coche del Año en Europa”, destacándose por sus cualidades mecánicas excepcionales.
Frank Babler, empleado con más de tres décadas en Porsche y propietario desde hace años de un modelo 944 S2, resalta: “La estabilidad y precisión direccional son excepcionales”. Esta combinación única entre utilidad diaria y sensaciones puras ha mantenido vigente el atractivo por los modelos transaxle, reafirmando su lugar destacado dentro del legado automotriz.
Este artículo fue publicado en Christophorus, número 418, revista dedicada a los clientes de Porsche.
Texto: Thomas Fuths
Imágenes: Max Slobodda y Kevin McCauley
El concepto transaxle se refiere a una configuración de propulsión donde el motor se ubica en la parte delantera y la transmisión en el eje trasero, lo que proporciona una distribución equilibrada del peso entre ambos ejes.
Este diseño garantiza un comportamiento equilibrado, seguridad y confort sin necesidad de asistencia electrónica. Además, ofrece ventajas en la conducción, como un manejo más fácil y seguro, evitando sobreviraje y subviraje.
Modelos como el 924, 944, 928 y 968 son ejemplos destacados que utilizaron esta configuración y se consideran pioneros desde el punto de vista técnico.
A pesar de haber sido desarrollado hace más de cincuenta años, esta tecnología sigue siendo considerada revolucionaria e innovadora en la industria automotriz.
El tubo rígido que conecta el motor y la transmisión ayuda a desviar las fuerzas en caso de colisión, protegiendo así a los ocupantes al mantener la integridad de la célula del pasajero.